Frases y poesías


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"No me olvides", dedicados con amor a la memoria de tu mascota ... Tel. (011) 4637-5288. Por urgencias, atendemos todos los días, las 24 hs.."

 

EL PUENTE DEL ARCO IRIS


Hay un puente enlazando el cielo y la tierra.
Se llama puente del arco iris debido a que tiene muchos colores.
Justo en éste lado del puente hay una tierra de praderas, montañas y valles, con exuberante hierba verde y flores.
Cuando nuestro amigo/a muere, va a éste lugar.
Siempre hay comida, agua y tiempo primaveral.
Nuestros amigos son jovenes y fuertes de nuevo, juegan todo el día.
Tan sólo les falta una cosa.
Ellos no están con la persona especial que tanto les amó en la tierra.
Cada día corren, saltan y juegan.
Hasta que llega el día en que una de ellas, de repente mira hacia arriba.....
la naríz se agita, las orejas se levantan, los ojos miran atentamente !!!
De repente sále corriendo del grupo, te ha visto....
Y cuando tú y tu amigo/a especial, os encontraís, lo coges en tus brazos,te besa la cara una y otra vez, y miras una vez más en el corazón de tu fiel amigo/a....
para cruzar juntos el Puente del Arco Iris y nunca más estar separados.

 

ELEGIA EN LA MUERTE DE UN PERRO 

Miguel de Unamuno 

"La quietud sujetó con recia mano al pobre perro inquieto, y para siempre fiel se acostó en su madre piadosa tierra. Sus ojos mansos no clavará en los míos con la tristeza de faltarle el habla; no lamerá mi mano ni en mi regazo su cabeza fina reposará. Y ahora, ¿en qué sueñas? ¿dónde se fue tu espíritu sumiso? ¿no hay otro mundo en que revivas tú, mi pobre bestia, y encima de los cielos te pasees brincando al lado mío? ¡El otro mundo! ¡Otro... otro y no éste! Un mundo sin el perro, sin las montañas blandas, sin los serenos ríos a que flanquean los serenos árboles, sin pájaros ni flores, sin perros, sin caballos, sin bueyes que aran... ¡el otro mundo! ¡Mundo de los espíritus! Pero allí ¿no tendremos en torno de nuestra alma las almas de las cosas de que vive, el alma de los campos, las almas de las rocas, las almas de los árboles y ríos, las de las bestias? Allá, en el otro mundo, tu alma, pobre perro, ¿no habrá de recostar en mi regazo espiritual su espiritual cabeza? La lenuga de tu alma, pobre amigo, ¿no lamerá la mano de mi alma? ¡El otro mundo! ¡Otro... otro y no éste! ¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro, a sumergir los ojos en los ojos que fueron tu mandato; ve, la tierra te arranca de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria! Pero él, tu triste amo, ¿te tendrá en la otra vida? ¡El otro mundo!... ¡El otro mundo es el del puro espíritu! ¡Del espíritu puro! ¡Oh, terrible pureza, inanidad, vacío! ¿No volveré a encontrarte, manso amigo? ¿Serás allí un recuerdo, recuerdo puro? Y este recuerdo ¿no correrá a mis ojos? ¿No saltará, blandiendo en alegría enhiesto el rabo? ¿No lamerá la mano de mi espíritu? ¿No mirará a mis ojos? Ese recuerdo, ¿no serás tú, tú mismo, dueño de ti, viviendo vida eterna? Tus sueños, ¿qué se hicieron? ¿Qué la piedad con que leal seguiste de mi voz el mandato? Yo fui tu religión, yo fui tu gloria; a Dios en mí soñaste; mis ojos fueron para ti ventana del otro mundo. ¿Si supieras, mi perro, qué triste está tu dios, porque te has muerto? ¡También tu dios se morirá algún día! Moriste con tus ojos en mis ojos clavados, tal vez buscando en éstos el misterio que te envolvía. Y tus pupilas tristes a espiar avezadas mis deseos, preguntar parecían: ¿Adónde vamos, mi amo? ¿Adónde vamos? El vivir con el hombre, pobre bestia, te ha dado acaso un anhelar oscuro que el lobo no conoce; ¡tal vez cuando acostabas la cabeza en mi regazo vagamente soñabas en ser hombre después de muerto! ¡Ser hombre, pobre bestia! Mira, mi pobre amigo, mi fiel creyente; al ver morir tus ojos que me miran, al ver cristalizarse tu mirada, antes fluida, yo también te pregunto: ¿adónde vamos? ¡Ser hombre, pobre perro! Mira, tu hermano, ese otro pobre perro, junto a la tumba de su dios, tendido, aullando a los cielos, ¡llama a la muerte! Tú has muerto en mansedumbre, tú con dulzura, entregándote a mí en la suprema sumisión de la vida; pero él, el que gime junto a la tumba de su dios, de su amo, ni morir sabe.Tú al morir presentías vagamente vivir en mi memoria, no morirte del todo, pero tu pobre hermano se ve ya muerto en vida, se ve perdido y aúlla al cielo suplicando muerte.

Descansa en paz, mi pobre compañero, descansa en paz; más triste la suerte de tu dios que no la tuya. Los dioses lloran, los dioses lloran cuando muere el perro que les lamió las manos, que les miró a los ojos, y al mirarles así les preguntaba: ¿adónde vamos?

 

EL PERRO HERIDO 

Manuel Benítez Carrasco (Granada 1922-1999)

Pasó el perro a mi lado; un perro de pobre casta, uno de esos callejeros pobre de sangre y de estampa. Nacen en cualquier rincón de perras tristes y flacas, destinados a comer basura de plaza en plaza.

De pequeños, por lo fino y lo ágil de la infancia, baloncitos de peluche, tibios borrones del ala, los sacan al sol, les cantan. De mayores, como que ya se les fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.

Y qué tristes ojos tienen, qué recóndita mirada, como si en ella pusieran su dolor a media asta; y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia, si es que un lazo no les da una muerte anticipada.

Yo lo llamo... todo orejas asustadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia. El perro escucha mi voz, olfatea mis palabras como esperando o temiendo pan, cariño o pedradas; no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar... dócil, a medias avanza, moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas. Le digo: ven aquí, no te hago nada, vamos ven, y adiós a la desconfianza, y se tiende a mis pies, con tiernos aullidos habla, ladra para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta, lloran y ríen, ríen y lloran lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras.

Es una alegría tan grande que más que hablarme me canta. ¿Qué piedra te dejó herido? Sabe que maldigo las piedras, aquella pedrada dura que le destrozó la pata, y él con el rabo me está agradeciendo la lástima. Pero no te preocupes, ya no ha de faltarte nada, yo también soy callejero, aunque de distintas plazas, y con mi patita renga y triste voy de jornada en jornada, las piedras que me tiraron me dejaron herida el alma.

Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada, ¡vamos pues, vamos perrito mío! vamos anda que te anda, con nuestra renguera a cuestas y nuestra tristeza en andas, yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma. Y cuando mueras amigo, yo te enterraré en mi casa, bajo un letrero que diga: aquí yace un amigo de mi infancia, y en el Cielo de los perros, tan puro, tan tierno, te regalará San Roque una muleta de plata.

Compañero si los hay, amigo donde los haya, mi perro y yo por la vida, pan pobre, rica compañía. Era joven y era viejo por más que yo lo cuidara, el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma; fueron muchas hambres, mucho peso para sus tres patas. Y una mañana en el huerto debajo de mi ventana, lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada; ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.

Hacia el Cielo de los perros se fue anda que te anda, las orejas de peluche y el hociquito de escarcha. Portero y dueño del Cielo, San Roque en la puerta estaba, ortopédico de mimos, cirujano de palabras, con buen surtido de recambios con que curar viejas talas. Para ti un rabo de oro, para ti un ojo de ámbar, tú, tus orejas de nieve, tú, tus colmillos de escarcha; tú ­y me perro le reía- tú, tu muleta de plata. Ahora ya sé porque está la noche agujereada. ¿Estrellas? ¿Luceros? No, es mi perro que cuando anda con la muleta va haciendo agujeritos de plata.

Extracto del libro "Talking to Heaven"

(Hablando con el cielo) de James Van Praagh

Nuestras mascotas van a un cielo, un tipo físico de mundo muy hermoso: el mismo que ocupamos los humanos. Cuando fallece un animal, salen a recibirlo los seres humanos (uno o varios) con quienes mantenía una buena relación en la tierra. Si no hay nadie disponible, si el animal no compartió su experiencia terrenal con un humano, a menudo lo reciben cuidadores de animales, almas generosas que cuidan de nuestras mascotas hasta que alguien con quien mantuviera fuertes lazos afectivos se reúna con él en el mundo espiritual.

Con toda probabilidad esos cuidadores son personas que, en la tierra, adoraban a los animales. Es bastante común que el animal recientemente fallecido regrese a su residencia terrenal con toda probabilidad se sentará en la misma silla, dormirá en el mismo sitio y te observará con toda atención. Recuerda la bondad y el amor que recibió de ti en la tierra, a menudo volverá para velarte y protegerte.